Hipólito, ¡Retírese, por favor!

Línea Caliente/Por Édgar Hernández*.

¡Llegó la hora de pedir licencia y que nos traigan de regreso a Américo o a Reynaldo!

Cuánta razón le asiste a Hipólito Rodríguez cuando afirma que las calles, no son de su propiedad.

Tampoco los baches. Ni los habitantes. Ni el Palacio. Ni los mil 300 millones de presupuesto que maneja. Ni la burocracia… ni la casa que habita que es rentada.

De hecho no es dueño de nada, solamente es un burócrata impuesto por un puñado de molestos electores que lo eligieron al conjuro de Morena en donde hasta una vaca ganaba en las urnas, según gritaba el Peje en campaña.

Y sí, este amigo seguro pertenece a esa fauna.

Arribó hace diez meses a la alcaldía de la capital sin tener la más mínima idea de lo que es ser el representante popular de la sede de los poderes estatales y en algún momento capital del país al paso del gobierno trashumante de don Benito Juárez.

A Hipólito Rodríguez eso de la gobernabilidad como que no se le da, no es lo suyo.

Tal vez se quedó atorado en un pasón de esa cochinada que fumaba cuando era estudiante. Tal vez nunca le dieron el manual de Carreño para bien gobernar. Acaso simplemente le vale madres la ciudad, ya que en realidad ni jalapeño es ya que nació y vivió parte de su vida en Xochimilco, pueblo de trajineras y esquites; puerto, durante tres siglos de verduras, hoy canales de paseo para borrachos.

Ha trascendido que Hipólito Rodríguez -quien lleva meses quejándose del desastre que le dejó Américo Zúñiga y desde hace un par de días de las calles “fantasma” que le heredó Elizabeth Morales- que tal vez en unos días más presente una querella formal contra el Virrey de Mendoza o el conquistador Hernán Cortés por violentar repetidamente la vialidad las calles de Xalapa al no reticular las arterias viales y poner baldosas en lugar de concreto hidráulico.

Por ahí se dice que habrá de mandar a juicio oral “a quien resulte responsable” de haber ordenado poner a Xalapa en medio de tanto pinche cerro, con ocho ríos y calles que ¡Vaya barbaridad! no duraron nada, nadita.

Y es que no se entiende por qué Hernán Cortés, durante el siglo XIV, decidió establecerse con sus efectivos en Xalapa y dejarla como ciudad de paso a la Gran Tenochtitlan ¡Vaya genialidad!

Le resulta además inexplicable cómo los totonacas tuvieron la mala ocurrencia de venirse a vivir a Xalapa, cuando está más cerca y más planito Puebla.

Incomprensible pues para un científico y estudioso certificado de la UV, entender a ¡Quién jijos de la fregada! se le ocurrió juntar Xallitic, Techacapan, Tecuanapan y Tlalnecapan en 1313, sin calles trazadas y menos de concreto hidráulico.

Vea usted ahora las consecuencias.

Así, no siendo suyo nada en Xalapa resulta incomprensible e injusto que  la ciudadanía le exija que le componga hasta el modito de andar.

Cuánta razón tiene don Hipólito en justificarse cuando en sesuda argumentación aclara que él no es dueño de las calles de Xalapa.

“Esas calles yo no las hice, esas calles ya estaban así”, dijo en respuesta al reclamo ciudadano respecto a los baches y ese peyorativo comparativo de la capital con un paraje lunar.

Con toda razón se defiende el nuestro edil cuando afirma que “las calles están así porque fueron mal hechas”.

Cierto,  ¡Ciertísimo!

O fueron los totonacas o tal vez los toltecas o quizás los conquistadores o a final de cuentas Américo –no Vespucio, por favor- sino Américo Zúñiga, quienes desmadraron Xalapa.

Pero aún hay más. Dice la fervorosa argumentación de Hipólito:

“Nos atribuyen a nosotros una serie de cuestiones que pues es cierto que tenemos que atenderlas y que es mi responsabilidad y del equipo de trabajo atenderlas, por supuesto es nuestra obligación que la infraestructura esté bien, pero el hecho de que tantas calles estén mal, no son calles que yo hice, deben de entender que viene de tiempo atrás”.

Clarísimo.

Don Hipólito hasta se parece a nuestro gran mimo Cantinflas con tan nítidas expresiones.

Inexplicable que la obtusa ciudadanía no le quieren creer a nuestro amado alcalde que buena parte de la responsabilidad la tiene Moctezuma Ilhuicamina, quinto Emperador Azteca que invadió el actual territorio Veracruzano en la segunda mitad del siglo XV, y en el año de 1457 sometió a numerosos poblados indígenas entre ellos Xallitic, Techacapan, Tecuanapan y Tlalnecapan.

Ellos fueron los del desmadre.

Y pa’acabarla de joder, los primeros españoles que llegaron a Xalapa fueron Hernán Cortés y sus soldados para fundar ¡hágame usted el favor! en Xalapa, en 1555, el convento de San Francisco, donde hoy se encuentra construido el parque Juárez.

De ahí parten los primeros baches.

Y no satisfechos esos bárbaros conquistadores destruyeron los templos indígenas levantando en su lugar templos cristianos. Así fue como se construyeron las iglesias de El Calvario, en Xallitic, San José de la Laguna en Techacapan, y Santiago en Tlalnecapan, así como en el centro de las cuatro poblaciones, se construyó la iglesia de Santa María de la Concepción que hoy es la catedral de la Arquidiócesis de Xalapa.

Y le asiste todita la verdad al asentar que  “los baches no nacen de un día para otro, no es una flor de andamio”. Claro, más ahora que los andamios ya ni de madera son.

Así pues vamos aclarando paradas.

Hipólito ni es dueño de las calles, ni son de su propiedad los baches. Es más ¡chingaos! los baches ni siquiera “son tan importantes”, según don Hipólito.

Demos la razón a su justificado enojo y permitamos que se vaya a Xochimilco, a ver si ahí lo entienden.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo

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